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EL MAYOR POZO PETROLIFERO DEL MUNDO EN VENEZUELA

16/10/2009

Repsol YPF ha confirmado a la CNMV sus expectativas sobre el yacimiento de gas de Venezuela que, según los análisis, puede albergar reservas recuperables de gas de entre 1.000 y 1.400 millones de barriles equivalentes de petróleo, suficientes para cubrir la demanda de España durante 5 años.

En un comunicado, la petrolera recordó que Perla 1X supone el hallazgo de gas más importante tanto de la historia de Venezuela como de la compañía, que opera al 50% con la italiana Eni (ENI.ITENI 18,29 +2,06% +0,37

Para la fase de desarrollo del bloque, la petrolera estatal venezolana PDVSA adquirirá un 35% del consorcio, en el que Repsol y Eni mantendrán un 32,5% cada una.

El descubrimiento fue comunicado el pasado 11 de septiembre durante una visita a España del presidente venezolano, Hugo Chávez.

El pozo Perla 1X alcanzó una profundidad total de 3.147 metros en una lámina de agua de 60 metros y las pruebas de producción dieron como resultado un caudal de 570.000 metros cúbicos de gas al día y 620 barriles de crudo al día, restringido por las especificaciones de la instalación.

El descubrimiento ha sido calificado por el servicio de información especializada de hidrocarburos IHS como uno de los cinco mayores realizados en el mundo en 2009.

Repsol está llevando a cabo una “intensa” campaña exploratoria a lo largo de 2009, con 15 hallazgos de petróleo y gas, según la compañía, que subrayó que desde 2005 ha duplicado el número de trabajadores de su unidad de exploración y ha destinado una parte importante de su inversión a localizar nuevas áreas de crecimiento.

Como consecuencia de esta apuesta, Repsol ha multiplicado sus recursos de hidrocarburos, que en los próximos años se verán traducidos en reservas a medida que se vayan desarrollando.

La compañía espera alcanzar una tasa de reemplazo de reservas del 125% en 2012, en línea con los objetivos marcados en el Plan Estratégico 2008-2012.

YACIMIENTO PETROLIFERO EN EL GOLFO DE MEXICO

02/09/2009

La petrolera británica British Petroleum (BP) anunció hoy el descubrimiento de un “gigantesco” yacimiento de petróleo en aguas profundas del Golfo de México.
En un comunicado, la empresa informó que el descubrimiento se realizó en la llamada “prospección Tiber”, un pozo localizado aproximadamente a 400 kilómetros al sureste de la localidad estadounidense de Houston y a una profundidad de unos 1.260 metros.

En esta prospección se realizó una perforación de 10.685 metros, una de las más profundas realizadas hasta ahora por la industria del petróleo y del gas, según explicó la petrolera británica.

BP añadió que ha encontrado crudo en múltiples puntos, pero que será necesaria una evaluación más detenida para determinar el tamaño y el potencial comercial de este yacimiento.

El director ejecutivo del Departamento de Exploración y Producción de BP, Andy Inglis, manifestó que este descubrimiento es el segundo con el que se topa la petrolera en la misma zona, después del localizado en la zona conocida como Kaskida en 2006.

Estos hallazgos establecen “el crecimiento mantenido de nuestro negocio en torno a las aguas profundas del Golfo de México de cara a la segunda mitad de la próxima década”, declaró Inglis.

Tiber es operado por BP, que tiene una titularidad del pozo de 62%, junto a Petrobras, que tiene 20% y Conoco Phillips, que tiene 18%.

BP es el mayor productor de petróleo y gas en el Golfo de México con una producción neta diaria de más de 400 mil barriles de crudo.

En total, la petrolera tiene en marcha en la zona nueve prospecciones: Atlantis Phase 2, Tubular Bells, Kodiak, Freedom, Kaskida, Isabela, Santa Cruz, Mad Dog y Great White.

De acuerdo con información publicada en un comunicado de prensa, British Petroleum aclara que el yacimiento fue encontrado en bloque estadounidense del Cañon Keathley, por lo que el petróleo, pese a estar en aguas del llamado Golfo de México, se encuentra de lado del territorio estadounidense.

MUERTE, DESTRUCCION Y EXODO MASIVO.

25/04/2008

Carlos Varea, es coordinador de la Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía de Iraq (CEOSI).
Muerte, éxodo masivo y desestructuración social es el resultado para la población de cinco años de ocupación, de la que EE UU intenta salir airoso y sacar beneficio.


FRAUDE. “La reconstrucción del país es un amargo fraude que la comunidad internacional acepta sin inmutarse”. La comunidad internacional recuerda en estas fechas el quinto aniversario del inicio de la invasión y de la ocupación de Iraq. El balance de estos años para el pueblo iraquí es aterrador y, para los ocupantes, el de un evidente fracaso del que están ya intentando librarse, mientras que los regímenes vecinos de Iraq se aprestan a sacar beneficio de la destrucción del país. La ocupación ha generado la mayor crisis mundial de refugiados de las últimas décadas. Y a los cinco millones de iraquíes que han tenido que dejar su hogar en estos cinco años se suma un millón más de muertos.

Tras el éxodo masivo iraquí se encuentra como causa la violencia generalizada pero también el deterioro de las condiciones básicas de vida de la población. Más de seis millones de personas precisan ayuda humanitaria urgente, el doble que en 2004. La reconstrucción del país es un amargo fraude que la comunidad internacional acepta sin inmutarse. Iraq ocupa el tercer puesto mundial en nivel de corrupción: nadie sabe a dónde van a parar los ingresos por la venta de crudo, estimada en enero en 2,1 millones de barriles diarios. Las causas del éxodo de la población han ido superponiéndose: los operativos militares de los ocupantes y la destrucción de las infraestructuras; el deterioro de las condiciones de vida de la población por el colapso del Estado, la corrupción y el afianzamiento de las mafias locales; y la violencia sectaria desarrollada por servicios de seguridad, milicias y escuadrones de la muerte vinculados a las formaciones que integran el Gobierno colaboracionista y que en su campaña de terror han contado con el estímulo o con la tolerancia de los ocupantes. En un círculo vicioso de causa y efecto, la destrucción de las instituciones, el empobrecimiento generalizado y la desestructuración social ocasionados por la ocupación retroalimentan la expansión de corrientes regresivas y confesionales.

Pero la denominada violencia sectaria es, antes que nada, política, social y económica, y prefigura la fragmentación efectiva del país, una lógica derivada del fracaso de la ocupación y que sirve, antes que a los invasores, a los regímenes vecinos de Iraq, satisfechos de ver destruida la potencia regional que pudo haber sido. Si, para identificar resistencia con terrorismo, la atención mediática se centra en los atentados indiscriminados atribuidos a al-Qaeda, lo cierto es que en 2005 y 2006 el 80% de las víctimas civiles se debió a cuerpos parapoliciales y escuadrones de la muerte de las formaciones del confesionalismo político chií que hegemonizan las nuevas instituciones.

En Bagdad la violencia ha sido esencialmente política y social, con perfiles que permiten intuir que la lógica de sus promotores respondía a la determinación de erradicar grupos opuestos a la ocupación y a la normalización política interna. Así, las víctimas no han sido sólo los miembros de ciertas comunidades, sino los sectores secularizados de la sociedad, sus intelectuales y profesionales, los dirigentes y activistas de las organizaciones civiles antiocupación. Tres cuartas partes de Bagdad están bajo control de los paramilitares. Para el Pentágono, la estrategia de terrorismo de las milicias chiíes favorecía el aislamiento de Bagdad de su periferia, bajo control de la resistencia iraquí; para los paramilitares el objetivo era convertir en minoritaria a la comunidad sunní y aniquilar a los sectores seculares, para incorporar la capital al área centro-sur y sur de mayoría chií, que ha de acceder a un régimen de autonomía en el marco del nuevo modelo federal anticipado en la Constitución de 2005 y que el Parlamento iraquí debate. Tras ello, el control del petróleo.

Muy regresiva en derechos civiles y económicos, la Constitución anticipaba también la nueva Ley de Hidrocarburos, aprobada por el Gobierno en 2007 y en debate en el Parlamento. Esta nueva ley ha sido redactada por técnicos nombrados por los ocupantes y nueve compañías petroleras internacionales, y sancionada por el FMI. La ley confirma la ruptura del marco jurídico del Estado iraquí, sanciona la gestión local de los recursos aún no explotados (el 78% de las reservas, más de 111.000 millones de barriles) y abre la puerta a la privatización del sector mediante los Acuerdos de Participación en la Producción, por los que compiten 70 empresas extranjeras, entre ellas Repsol.

EE UU mantiene en Iraq 159.000 efectivos y gasta al mes en la guerra contra la resistencia más de 8.000 millones de euros, tres veces más que en 2003. Pero hay dudas de que pueda mantenerse sólidamente en Iraq si no es a través de acuerdos con países vecinos, en concreto con Irán. En 2007 hubo tres encuentros públicos bilaterales en Bagdad a fin de tratar cuestiones sobre la seguridad en Iraq, un hecho significativo, dado que EE UU e Irán tienen rotas sus relaciones diplomáticas desde 1977 y que estas citas se han llevado a cabo a pesar de la crisis sobre el desarrollo nuclear iraní. A principios de este mes, el presidente iraní visitó oficialmente Iraq, una visita que contó con el visto bueno de EE UU y que supone por parte de Teherán la ratificación de su reconocimiento de las instituciones iraquíes surgidas de la ocupación.

El hecho es que EE UU e Irán comparten socios en Iraq: las formaciones del campo confesional chií, con fuertes relaciones históricas con Irán e interlocutores del Gobierno Bush en la preparación de la invasión y tras ésta. Estos encuentros han otorgado a Irán la categoría de actor en relación al futuro de Iraq. Y Washington anhela obtener de Irán una mínima estabilización que le permita mantenerse en el país antes de que el nuevo inquilino de la Casa Blanca aborde la salida de Iraq y mientras ‘negocia’ con el Gobierno de al-Maliki un marco bilateral definitivo. No hay nada más opuesto a las aspiraciones del pueblo iraquí a la soberanía y a una democracia efectiva que esta lógica de condominio entre ocupantes –ya derrotados– y regímenes vecinos prestos a repartirse sus despojos con una nueva oligarquía local, corrupta, atávica y criminal surgida con la invasión.

MUERTE, DESTRUCCION Y EXODO MASIVO.

25/04/2008

Carlos Varea, es coordinador de la Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía de Iraq (CEOSI).
Muerte, éxodo masivo y desestructuración social es el resultado para la población de cinco años de ocupación, de la que EE UU intenta salir airoso y sacar beneficio.


FRAUDE. “La reconstrucción del país es un amargo fraude que la comunidad internacional acepta sin inmutarse”. La comunidad internacional recuerda en estas fechas el quinto aniversario del inicio de la invasión y de la ocupación de Iraq. El balance de estos años para el pueblo iraquí es aterrador y, para los ocupantes, el de un evidente fracaso del que están ya intentando librarse, mientras que los regímenes vecinos de Iraq se aprestan a sacar beneficio de la destrucción del país. La ocupación ha generado la mayor crisis mundial de refugiados de las últimas décadas. Y a los cinco millones de iraquíes que han tenido que dejar su hogar en estos cinco años se suma un millón más de muertos.

Tras el éxodo masivo iraquí se encuentra como causa la violencia generalizada pero también el deterioro de las condiciones básicas de vida de la población. Más de seis millones de personas precisan ayuda humanitaria urgente, el doble que en 2004. La reconstrucción del país es un amargo fraude que la comunidad internacional acepta sin inmutarse. Iraq ocupa el tercer puesto mundial en nivel de corrupción: nadie sabe a dónde van a parar los ingresos por la venta de crudo, estimada en enero en 2,1 millones de barriles diarios. Las causas del éxodo de la población han ido superponiéndose: los operativos militares de los ocupantes y la destrucción de las infraestructuras; el deterioro de las condiciones de vida de la población por el colapso del Estado, la corrupción y el afianzamiento de las mafias locales; y la violencia sectaria desarrollada por servicios de seguridad, milicias y escuadrones de la muerte vinculados a las formaciones que integran el Gobierno colaboracionista y que en su campaña de terror han contado con el estímulo o con la tolerancia de los ocupantes. En un círculo vicioso de causa y efecto, la destrucción de las instituciones, el empobrecimiento generalizado y la desestructuración social ocasionados por la ocupación retroalimentan la expansión de corrientes regresivas y confesionales.

Pero la denominada violencia sectaria es, antes que nada, política, social y económica, y prefigura la fragmentación efectiva del país, una lógica derivada del fracaso de la ocupación y que sirve, antes que a los invasores, a los regímenes vecinos de Iraq, satisfechos de ver destruida la potencia regional que pudo haber sido. Si, para identificar resistencia con terrorismo, la atención mediática se centra en los atentados indiscriminados atribuidos a al-Qaeda, lo cierto es que en 2005 y 2006 el 80% de las víctimas civiles se debió a cuerpos parapoliciales y escuadrones de la muerte de las formaciones del confesionalismo político chií que hegemonizan las nuevas instituciones.

En Bagdad la violencia ha sido esencialmente política y social, con perfiles que permiten intuir que la lógica de sus promotores respondía a la determinación de erradicar grupos opuestos a la ocupación y a la normalización política interna. Así, las víctimas no han sido sólo los miembros de ciertas comunidades, sino los sectores secularizados de la sociedad, sus intelectuales y profesionales, los dirigentes y activistas de las organizaciones civiles antiocupación. Tres cuartas partes de Bagdad están bajo control de los paramilitares. Para el Pentágono, la estrategia de terrorismo de las milicias chiíes favorecía el aislamiento de Bagdad de su periferia, bajo control de la resistencia iraquí; para los paramilitares el objetivo era convertir en minoritaria a la comunidad sunní y aniquilar a los sectores seculares, para incorporar la capital al área centro-sur y sur de mayoría chií, que ha de acceder a un régimen de autonomía en el marco del nuevo modelo federal anticipado en la Constitución de 2005 y que el Parlamento iraquí debate. Tras ello, el control del petróleo.

Muy regresiva en derechos civiles y económicos, la Constitución anticipaba también la nueva Ley de Hidrocarburos, aprobada por el Gobierno en 2007 y en debate en el Parlamento. Esta nueva ley ha sido redactada por técnicos nombrados por los ocupantes y nueve compañías petroleras internacionales, y sancionada por el FMI. La ley confirma la ruptura del marco jurídico del Estado iraquí, sanciona la gestión local de los recursos aún no explotados (el 78% de las reservas, más de 111.000 millones de barriles) y abre la puerta a la privatización del sector mediante los Acuerdos de Participación en la Producción, por los que compiten 70 empresas extranjeras, entre ellas Repsol.

EE UU mantiene en Iraq 159.000 efectivos y gasta al mes en la guerra contra la resistencia más de 8.000 millones de euros, tres veces más que en 2003. Pero hay dudas de que pueda mantenerse sólidamente en Iraq si no es a través de acuerdos con países vecinos, en concreto con Irán. En 2007 hubo tres encuentros públicos bilaterales en Bagdad a fin de tratar cuestiones sobre la seguridad en Iraq, un hecho significativo, dado que EE UU e Irán tienen rotas sus relaciones diplomáticas desde 1977 y que estas citas se han llevado a cabo a pesar de la crisis sobre el desarrollo nuclear iraní. A principios de este mes, el presidente iraní visitó oficialmente Iraq, una visita que contó con el visto bueno de EE UU y que supone por parte de Teherán la ratificación de su reconocimiento de las instituciones iraquíes surgidas de la ocupación.

El hecho es que EE UU e Irán comparten socios en Iraq: las formaciones del campo confesional chií, con fuertes relaciones históricas con Irán e interlocutores del Gobierno Bush en la preparación de la invasión y tras ésta. Estos encuentros han otorgado a Irán la categoría de actor en relación al futuro de Iraq. Y Washington anhela obtener de Irán una mínima estabilización que le permita mantenerse en el país antes de que el nuevo inquilino de la Casa Blanca aborde la salida de Iraq y mientras ‘negocia’ con el Gobierno de al-Maliki un marco bilateral definitivo. No hay nada más opuesto a las aspiraciones del pueblo iraquí a la soberanía y a una democracia efectiva que esta lógica de condominio entre ocupantes –ya derrotados– y regímenes vecinos prestos a repartirse sus despojos con una nueva oligarquía local, corrupta, atávica y criminal surgida con la invasión.

MUERTE, DESTRUCCION Y EXODO MASIVO.

25/04/2008

Carlos Varea, es coordinador de la Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía de Iraq (CEOSI).
Muerte, éxodo masivo y desestructuración social es el resultado para la población de cinco años de ocupación, de la que EE UU intenta salir airoso y sacar beneficio.


FRAUDE. “La reconstrucción del país es un amargo fraude que la comunidad internacional acepta sin inmutarse”. La comunidad internacional recuerda en estas fechas el quinto aniversario del inicio de la invasión y de la ocupación de Iraq. El balance de estos años para el pueblo iraquí es aterrador y, para los ocupantes, el de un evidente fracaso del que están ya intentando librarse, mientras que los regímenes vecinos de Iraq se aprestan a sacar beneficio de la destrucción del país. La ocupación ha generado la mayor crisis mundial de refugiados de las últimas décadas. Y a los cinco millones de iraquíes que han tenido que dejar su hogar en estos cinco años se suma un millón más de muertos.

Tras el éxodo masivo iraquí se encuentra como causa la violencia generalizada pero también el deterioro de las condiciones básicas de vida de la población. Más de seis millones de personas precisan ayuda humanitaria urgente, el doble que en 2004. La reconstrucción del país es un amargo fraude que la comunidad internacional acepta sin inmutarse. Iraq ocupa el tercer puesto mundial en nivel de corrupción: nadie sabe a dónde van a parar los ingresos por la venta de crudo, estimada en enero en 2,1 millones de barriles diarios. Las causas del éxodo de la población han ido superponiéndose: los operativos militares de los ocupantes y la destrucción de las infraestructuras; el deterioro de las condiciones de vida de la población por el colapso del Estado, la corrupción y el afianzamiento de las mafias locales; y la violencia sectaria desarrollada por servicios de seguridad, milicias y escuadrones de la muerte vinculados a las formaciones que integran el Gobierno colaboracionista y que en su campaña de terror han contado con el estímulo o con la tolerancia de los ocupantes. En un círculo vicioso de causa y efecto, la destrucción de las instituciones, el empobrecimiento generalizado y la desestructuración social ocasionados por la ocupación retroalimentan la expansión de corrientes regresivas y confesionales.

Pero la denominada violencia sectaria es, antes que nada, política, social y económica, y prefigura la fragmentación efectiva del país, una lógica derivada del fracaso de la ocupación y que sirve, antes que a los invasores, a los regímenes vecinos de Iraq, satisfechos de ver destruida la potencia regional que pudo haber sido. Si, para identificar resistencia con terrorismo, la atención mediática se centra en los atentados indiscriminados atribuidos a al-Qaeda, lo cierto es que en 2005 y 2006 el 80% de las víctimas civiles se debió a cuerpos parapoliciales y escuadrones de la muerte de las formaciones del confesionalismo político chií que hegemonizan las nuevas instituciones.

En Bagdad la violencia ha sido esencialmente política y social, con perfiles que permiten intuir que la lógica de sus promotores respondía a la determinación de erradicar grupos opuestos a la ocupación y a la normalización política interna. Así, las víctimas no han sido sólo los miembros de ciertas comunidades, sino los sectores secularizados de la sociedad, sus intelectuales y profesionales, los dirigentes y activistas de las organizaciones civiles antiocupación. Tres cuartas partes de Bagdad están bajo control de los paramilitares. Para el Pentágono, la estrategia de terrorismo de las milicias chiíes favorecía el aislamiento de Bagdad de su periferia, bajo control de la resistencia iraquí; para los paramilitares el objetivo era convertir en minoritaria a la comunidad sunní y aniquilar a los sectores seculares, para incorporar la capital al área centro-sur y sur de mayoría chií, que ha de acceder a un régimen de autonomía en el marco del nuevo modelo federal anticipado en la Constitución de 2005 y que el Parlamento iraquí debate. Tras ello, el control del petróleo.

Muy regresiva en derechos civiles y económicos, la Constitución anticipaba también la nueva Ley de Hidrocarburos, aprobada por el Gobierno en 2007 y en debate en el Parlamento. Esta nueva ley ha sido redactada por técnicos nombrados por los ocupantes y nueve compañías petroleras internacionales, y sancionada por el FMI. La ley confirma la ruptura del marco jurídico del Estado iraquí, sanciona la gestión local de los recursos aún no explotados (el 78% de las reservas, más de 111.000 millones de barriles) y abre la puerta a la privatización del sector mediante los Acuerdos de Participación en la Producción, por los que compiten 70 empresas extranjeras, entre ellas Repsol.

EE UU mantiene en Iraq 159.000 efectivos y gasta al mes en la guerra contra la resistencia más de 8.000 millones de euros, tres veces más que en 2003. Pero hay dudas de que pueda mantenerse sólidamente en Iraq si no es a través de acuerdos con países vecinos, en concreto con Irán. En 2007 hubo tres encuentros públicos bilaterales en Bagdad a fin de tratar cuestiones sobre la seguridad en Iraq, un hecho significativo, dado que EE UU e Irán tienen rotas sus relaciones diplomáticas desde 1977 y que estas citas se han llevado a cabo a pesar de la crisis sobre el desarrollo nuclear iraní. A principios de este mes, el presidente iraní visitó oficialmente Iraq, una visita que contó con el visto bueno de EE UU y que supone por parte de Teherán la ratificación de su reconocimiento de las instituciones iraquíes surgidas de la ocupación.

El hecho es que EE UU e Irán comparten socios en Iraq: las formaciones del campo confesional chií, con fuertes relaciones históricas con Irán e interlocutores del Gobierno Bush en la preparación de la invasión y tras ésta. Estos encuentros han otorgado a Irán la categoría de actor en relación al futuro de Iraq. Y Washington anhela obtener de Irán una mínima estabilización que le permita mantenerse en el país antes de que el nuevo inquilino de la Casa Blanca aborde la salida de Iraq y mientras ‘negocia’ con el Gobierno de al-Maliki un marco bilateral definitivo. No hay nada más opuesto a las aspiraciones del pueblo iraquí a la soberanía y a una democracia efectiva que esta lógica de condominio entre ocupantes –ya derrotados– y regímenes vecinos prestos a repartirse sus despojos con una nueva oligarquía local, corrupta, atávica y criminal surgida con la invasión.