Posts Tagged ‘aborto’

EN LA SOCIEDAD TRIUNFA LA MUERTE

08/12/2009

Rouco Valera sobre el aborto: “En la sociedad triunfa la muerte”

El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, reclamó, durante la homilía con motivo de la Gran Vigilia de la Inmaculada Concepción celebrada ayer en la Catedral de La Almudena de la capital, “un serio y valiente compromiso por la vida en este año 2009, inmerso en una profunda situación crítica, no sólo económica, sino también cultural, moral y religiosa”.

Rouco Varela, en referencia a la remodelación de la Ley del Aborto, afirmó “qué de una sociedad que acepta el aborto y lo facilita resultará una mal llamada civilización donde triunfa la muerte en todas sus variantes” y añadió que “para un cristiano la elección debe ser la del sí incondicional a la vida”.

“Desconocer, despreciar, maltratar y eliminar la vida física del hombre, desde el instante de su concepción, hasta el momento de su muerte natural, implica el desprecio, el rechazo y la destrucción del don de la vida”, sentenció el cardenal.

El resto del discurso se centró en la alabanza a la figura de María como contraposición a la pecadora Eva, y en la esperanza que la Virgen da a la humanidad.

LOS JERARCAS CATOLICOS QUE, COMO JUDAS, TRAICIONAN A CRISTO

13/11/2009

Esta clerigalla, meliflua, garbancera e hipócrita, a la que representa el obispo Martínez Camino, portavoz del episcopado y protegido del arzobispo-cardenal de Madrid –de nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Española-, Antonio María Rouco Varela, continúa impertérrita en su persistente tarea de fabricar agnósticos y ateos a granel. La intervención de Martínez-Camino sobre la ley del aborto es la de un fanático, la de un tipo peligroso, la de un cura trabucaire.
El instinto inquisitorial lo llevan algunos prelados -como es el caso evidente de Martínez Camino- en sus genes. El actual Pontífice, Joseph Ratzinger, llamado ahora Benedicto XVI, fue –durante muchos años y antes de ser proclamado Papa- prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. O sea, Ratzinger era el jefe del sucedáneo moderno de la Santa Inquisición. Persiguió a los teólogos considerados heterodoxos y actuó contra ellos, sobre todo contra quienes defendían la Teología de la Liberación. Esta admirable teología se resume, grosso modo, en amar al prójimo como a uno mismo y, más todavía, si el prójimo es pobre o se halla marginado de la sociedad opulenta.

La escoria social
La Teología de la Liberación procura adentrarse en los orígenes y las ideas básicas divulgadas por Cristo en los evangelios. No parece, ciertamente, que Cristo se dedicara a adular a los ricos y a olvidarse de los miserables. Todo lo contrario. Sus amigos, sus apóstoles, eran parte de la escoria social de aquella época. A los poderosos, a los sumos sacerdotes, a los fariseos, Cristo no los aplaudía. Los recriminaba y los contradecía. ¿Fue Cristo un revolucionario? Ni lo sabemos ni, de hecho, nos importa. Pero sí fue un reformista comprometido y un pacifista. Pagó con su vida el hecho de haberse enfrentado a los opulentos. Fue crucificado porque atacaba al rico Epulón y salvaba al pobre Lázaro.

Policía del pensamiento
Ejerció Ratzinger, con gran perseverancia, de policía del pensamiento e incluso debió de creerse que así cumplía con su deber de propagar el catolicismo. Pues bien, si todo este tinglado que contemplamos en la actualidad es, de verdad, el catolicismo, que venga Dios Nuestro Señor y lo vea. Estamos seguros de que Jesús de Nazaret, lo primero que haría -a la vista del espectáculo- es echar de los templos a los mercaderes de la fe. Expulsaría sin contemplaciones a los que han escalado sin escrúpulos hasta llegar a puestos muy confortables en el organigrama de la Iglesia, ocupando poltronas gracias a contentar a sus superiores a cambio de transgredir el verdadero mensaje de Cristo.

Legítimo espanto
Criticamos -en ocasiones con legítimo espanto- a los talibanes, a los ayatholas musulmanes, y a cuantos convierten sus convicciones en un bastión del sectarismo y de intolerancia. Esas gentes están dispuestas a obligar a sus feligreses, o a sus seguidores, a circular por el camino de los dogmas tan intocables como -con frecuencia- brutales. Un talibán del integrismo católico es Martínez-Camino. No es, por desgracia, el único.

De puntillas
¿Alguien recuerda a este cuervo, a este profeta del catastrofismo, predicar un día, un solo día, bendiciendo sin remilgos las cosas positivas que ha impulsado este Gobierno, surgido de las urnas -no como sucede en el Estado del Vaticano-, mostrando su alegría por los logros conseguidos y discrepando sin necesidad de amenazar a los contrincantes de forma tan zafia como chulesca? No, la mayoría de los jerarcas consumen su tiempo cual si fueran políticos de la oposición. También se distinguen por estar pendientes de todos los males que ellos atribuyen al sexo [condescendientes, sin embargo, con la pedofilia o la pederastia, un tema del que pasan de puntillas]

El capitalismo liberal
¿Alguien recuerda al obispo Martínez- Camino o a cualquier otro monseñor -salvo excepciones casi heroicas-, predicando con vehemencia sobre la necesidad de ser fieles, los católicos, a encíclicas como la Populorum Progressio? Ese texto fue divulgado el mes de marzo del año 1967. Acerca del capitalismo liberal, el Papa Pablo VI, escribió: “Por desgracia (…) ha sido construido un sistema que considera el lucro como motor esencial del progreso económico, la concurrencia como ley suprema de la economía, la propiedad privada de los medios de producción como un derecho absoluto, sin límites ni obligaciones sociales correspondientes. Este liberalismo sin freno, que conduce a la dictadura, justamente fue denunciado por Pío XII como generador del “imperialismo internacional del dinero”. No hay mejor manera de reprobar tal abuso que recordando solemnemente una vez más que la economía está al servicio del hombre”.

Sepulcros blanqueados
Condenan a fondo los jerarcas eclesiásticos el uso los condones o de cualquier otro método anticonceptivo. Condenan el aborto [callan, no obstante, cuando el Gobierno es de derechas]. Condenan su regulación más racional. Condenan el divorcio. Condenan el sexo fuera del matrimonio. Condenan que el sexo se utilice al margen de la procreación. Condenan los matrimonios homosexuales. Condenan la masturbación. Son unos obsesos de estas materias y dejan en la práctica de lado a los millones de niños hambrientos que mueren o mal viven en África y en otros continentes. Siempre apoyan, directa o indirectamente, a los más fuertes y no a los más débiles, Arremeten contra el relativismo y la libertad de conciencia. Son sepulcros blanqueados. Se creen estos jerarcas católicos los herederos de Cristo pero –como Judas- lo han traicionado.

Enric Sopena es director de El Plural

CONTRA EL ABORTO VIOLACION

31/05/2009

BORJA MARÍA ZALLANA DE LOS ACEBOS
31/05/2009

Contra el aborto, violación

Sí, sí, lo han leído bien. Puede parecerles una exageración, pero no nos están dejando otro camino. España es el país del mundo, de todo el mundo, con el índice más bajo de natalidad.

Y no es porque en este país, otrora estandarte del catolicismo, nos hayamos convertido en ascetas del sexo, en absoluto, es más bien por todo lo contrario. En este país se folla, y perdonen ustedes tan grosera expresión, pero no hay otra para definir lo que parece que hacen en grado sumo la mayoría de nuestros conciudadanos; y se folla, de nuevo perdón, en toda hora y lugar, y con éste y aquella y el de más allá, sin ton ni son, sin sentido pero consentido, al menos en la
mayoría de los casos.

Pero pese a lo que se folla, y de nuevo mil perdones, cada vez nacen menos niños porque o se usa el preservativo, prohibido por la iglesia, o se toma la píldora, prohibida por la iglesia, o se aborta, más prohibido aún por la iglesia. Ante la debacle que supone la reducción extrema de la natalidad y que conlleva, como se habrán podido imaginar, menos bautizos, menos comuniones, menos niños en los colegios concertados de la Iglesia y menos matrimonios que celebrar, nuestra Santa madre Iglesia está teniendo que tomar medidas acordes con la gravedad de la situación. Una de ellas, polémica si quieren, pero no me negarán que efectiva, es la despenalización de la violación.

Lo proponía esta misma semana un editorial de la revista “Alfa y Omega”, financiada por la conferencia episcopal. No es que pidiera literalmente convertir la violación en una suerte de nueva fiesta nacional, pero sí se preguntaba qué sentido tenía seguir manteniéndola como delito, en un país como el nuestro en el que una buena parte de la población mantiene relaciones sexuales (me ha dicho el corrector que mejor no repito la palabra anterior, aunque yo sigo pensando que lo que hacen es follar) por simple placer y en muchísimos casos fuera del sagrado matrimonio.

En una sociedad, réplica casi exacta de Sodoma y Gomorra, en la que la única ley que prima es la del libertinaje, resulta hipócrita condenar a alguien por tomarse la libertad de no contar con la aprobación de otro para usarlo sexualmente. Un otro, que seguramente no ha tenido el mínimo reparo en mantener relaciones sexuales (follar) con vete tú a saber cuántas otras personas y de qué diversas maneras.

La ventaja de la violación sobre las relaciones consentidas, a efecto de incremento de la natalidad, es evidente. En el caso de las relaciones consentidas los interfectos, por no llamarlos como se merecen, suelen utilizar métodos anticonceptivos , recuerdo que todos ellos prohibidos por la Iglesia, pero no suele ser así en el caso de violación, con lo que las posibilidades de embarazo aumentan considerablemente.

Si a eso le unimos una buena campaña contra el aborto, como la que hemos iniciado, por narices han de nacer más niños. Niños que, ustedes dirán, padecerán una dura infancia al no haber sido deseados y quizá criados por mujeres adolescentes (las más fácilmente violables), pues sí, puede que sea así, pero ahí entra de nuevo la Iglesia en una de las misiones en las que más se ha prodigado desde su nacimiento y, sin duda, en la que se encuentra más cómoda: el cuidado y adoctrinamiento de los frutos del descarrío. A estos niños, como ha ocurrido a lo largo de la historia, no les ha de faltar nunca ni la proximidad ni el cariño de un sacerdote. ¡Quién sabe cuantos de esos niños serán en su adultez nuevos sacerdotes o proveedores de más niños!

>CONTRA EL ABORTO VIOLACION

31/05/2009

>BORJA MARÍA ZALLANA DE LOS ACEBOS
31/05/2009

Contra el aborto, violación

Sí, sí, lo han leído bien. Puede parecerles una exageración, pero no nos están dejando otro camino. España es el país del mundo, de todo el mundo, con el índice más bajo de natalidad.

Y no es porque en este país, otrora estandarte del catolicismo, nos hayamos convertido en ascetas del sexo, en absoluto, es más bien por todo lo contrario. En este país se folla, y perdonen ustedes tan grosera expresión, pero no hay otra para definir lo que parece que hacen en grado sumo la mayoría de nuestros conciudadanos; y se folla, de nuevo perdón, en toda hora y lugar, y con éste y aquella y el de más allá, sin ton ni son, sin sentido pero consentido, al menos en la
mayoría de los casos.

Pero pese a lo que se folla, y de nuevo mil perdones, cada vez nacen menos niños porque o se usa el preservativo, prohibido por la iglesia, o se toma la píldora, prohibida por la iglesia, o se aborta, más prohibido aún por la iglesia. Ante la debacle que supone la reducción extrema de la natalidad y que conlleva, como se habrán podido imaginar, menos bautizos, menos comuniones, menos niños en los colegios concertados de la Iglesia y menos matrimonios que celebrar, nuestra Santa madre Iglesia está teniendo que tomar medidas acordes con la gravedad de la situación. Una de ellas, polémica si quieren, pero no me negarán que efectiva, es la despenalización de la violación.

Lo proponía esta misma semana un editorial de la revista “Alfa y Omega”, financiada por la conferencia episcopal. No es que pidiera literalmente convertir la violación en una suerte de nueva fiesta nacional, pero sí se preguntaba qué sentido tenía seguir manteniéndola como delito, en un país como el nuestro en el que una buena parte de la población mantiene relaciones sexuales (me ha dicho el corrector que mejor no repito la palabra anterior, aunque yo sigo pensando que lo que hacen es follar) por simple placer y en muchísimos casos fuera del sagrado matrimonio.

En una sociedad, réplica casi exacta de Sodoma y Gomorra, en la que la única ley que prima es la del libertinaje, resulta hipócrita condenar a alguien por tomarse la libertad de no contar con la aprobación de otro para usarlo sexualmente. Un otro, que seguramente no ha tenido el mínimo reparo en mantener relaciones sexuales (follar) con vete tú a saber cuántas otras personas y de qué diversas maneras.

La ventaja de la violación sobre las relaciones consentidas, a efecto de incremento de la natalidad, es evidente. En el caso de las relaciones consentidas los interfectos, por no llamarlos como se merecen, suelen utilizar métodos anticonceptivos , recuerdo que todos ellos prohibidos por la Iglesia, pero no suele ser así en el caso de violación, con lo que las posibilidades de embarazo aumentan considerablemente.

Si a eso le unimos una buena campaña contra el aborto, como la que hemos iniciado, por narices han de nacer más niños. Niños que, ustedes dirán, padecerán una dura infancia al no haber sido deseados y quizá criados por mujeres adolescentes (las más fácilmente violables), pues sí, puede que sea así, pero ahí entra de nuevo la Iglesia en una de las misiones en las que más se ha prodigado desde su nacimiento y, sin duda, en la que se encuentra más cómoda: el cuidado y adoctrinamiento de los frutos del descarrío. A estos niños, como ha ocurrido a lo largo de la historia, no les ha de faltar nunca ni la proximidad ni el cariño de un sacerdote. ¡Quién sabe cuantos de esos niños serán en su adultez nuevos sacerdotes o proveedores de más niños!

CONTRA EL ABORTO VIOLACION

31/05/2009

BORJA MARÍA ZALLANA DE LOS ACEBOS
31/05/2009

Contra el aborto, violación

Sí, sí, lo han leído bien. Puede parecerles una exageración, pero no nos están dejando otro camino. España es el país del mundo, de todo el mundo, con el índice más bajo de natalidad.

Y no es porque en este país, otrora estandarte del catolicismo, nos hayamos convertido en ascetas del sexo, en absoluto, es más bien por todo lo contrario. En este país se folla, y perdonen ustedes tan grosera expresión, pero no hay otra para definir lo que parece que hacen en grado sumo la mayoría de nuestros conciudadanos; y se folla, de nuevo perdón, en toda hora y lugar, y con éste y aquella y el de más allá, sin ton ni son, sin sentido pero consentido, al menos en la
mayoría de los casos.

Pero pese a lo que se folla, y de nuevo mil perdones, cada vez nacen menos niños porque o se usa el preservativo, prohibido por la iglesia, o se toma la píldora, prohibida por la iglesia, o se aborta, más prohibido aún por la iglesia. Ante la debacle que supone la reducción extrema de la natalidad y que conlleva, como se habrán podido imaginar, menos bautizos, menos comuniones, menos niños en los colegios concertados de la Iglesia y menos matrimonios que celebrar, nuestra Santa madre Iglesia está teniendo que tomar medidas acordes con la gravedad de la situación. Una de ellas, polémica si quieren, pero no me negarán que efectiva, es la despenalización de la violación.

Lo proponía esta misma semana un editorial de la revista “Alfa y Omega”, financiada por la conferencia episcopal. No es que pidiera literalmente convertir la violación en una suerte de nueva fiesta nacional, pero sí se preguntaba qué sentido tenía seguir manteniéndola como delito, en un país como el nuestro en el que una buena parte de la población mantiene relaciones sexuales (me ha dicho el corrector que mejor no repito la palabra anterior, aunque yo sigo pensando que lo que hacen es follar) por simple placer y en muchísimos casos fuera del sagrado matrimonio.

En una sociedad, réplica casi exacta de Sodoma y Gomorra, en la que la única ley que prima es la del libertinaje, resulta hipócrita condenar a alguien por tomarse la libertad de no contar con la aprobación de otro para usarlo sexualmente. Un otro, que seguramente no ha tenido el mínimo reparo en mantener relaciones sexuales (follar) con vete tú a saber cuántas otras personas y de qué diversas maneras.

La ventaja de la violación sobre las relaciones consentidas, a efecto de incremento de la natalidad, es evidente. En el caso de las relaciones consentidas los interfectos, por no llamarlos como se merecen, suelen utilizar métodos anticonceptivos , recuerdo que todos ellos prohibidos por la Iglesia, pero no suele ser así en el caso de violación, con lo que las posibilidades de embarazo aumentan considerablemente.

Si a eso le unimos una buena campaña contra el aborto, como la que hemos iniciado, por narices han de nacer más niños. Niños que, ustedes dirán, padecerán una dura infancia al no haber sido deseados y quizá criados por mujeres adolescentes (las más fácilmente violables), pues sí, puede que sea así, pero ahí entra de nuevo la Iglesia en una de las misiones en las que más se ha prodigado desde su nacimiento y, sin duda, en la que se encuentra más cómoda: el cuidado y adoctrinamiento de los frutos del descarrío. A estos niños, como ha ocurrido a lo largo de la historia, no les ha de faltar nunca ni la proximidad ni el cariño de un sacerdote. ¡Quién sabe cuantos de esos niños serán en su adultez nuevos sacerdotes o proveedores de más niños!

>CONTRA EL ABORTO VIOLACION

31/05/2009

>BORJA MARÍA ZALLANA DE LOS ACEBOS
31/05/2009

Contra el aborto, violación

Sí, sí, lo han leído bien. Puede parecerles una exageración, pero no nos están dejando otro camino. España es el país del mundo, de todo el mundo, con el índice más bajo de natalidad.

Y no es porque en este país, otrora estandarte del catolicismo, nos hayamos convertido en ascetas del sexo, en absoluto, es más bien por todo lo contrario. En este país se folla, y perdonen ustedes tan grosera expresión, pero no hay otra para definir lo que parece que hacen en grado sumo la mayoría de nuestros conciudadanos; y se folla, de nuevo perdón, en toda hora y lugar, y con éste y aquella y el de más allá, sin ton ni son, sin sentido pero consentido, al menos en la
mayoría de los casos.

Pero pese a lo que se folla, y de nuevo mil perdones, cada vez nacen menos niños porque o se usa el preservativo, prohibido por la iglesia, o se toma la píldora, prohibida por la iglesia, o se aborta, más prohibido aún por la iglesia. Ante la debacle que supone la reducción extrema de la natalidad y que conlleva, como se habrán podido imaginar, menos bautizos, menos comuniones, menos niños en los colegios concertados de la Iglesia y menos matrimonios que celebrar, nuestra Santa madre Iglesia está teniendo que tomar medidas acordes con la gravedad de la situación. Una de ellas, polémica si quieren, pero no me negarán que efectiva, es la despenalización de la violación.

Lo proponía esta misma semana un editorial de la revista “Alfa y Omega”, financiada por la conferencia episcopal. No es que pidiera literalmente convertir la violación en una suerte de nueva fiesta nacional, pero sí se preguntaba qué sentido tenía seguir manteniéndola como delito, en un país como el nuestro en el que una buena parte de la población mantiene relaciones sexuales (me ha dicho el corrector que mejor no repito la palabra anterior, aunque yo sigo pensando que lo que hacen es follar) por simple placer y en muchísimos casos fuera del sagrado matrimonio.

En una sociedad, réplica casi exacta de Sodoma y Gomorra, en la que la única ley que prima es la del libertinaje, resulta hipócrita condenar a alguien por tomarse la libertad de no contar con la aprobación de otro para usarlo sexualmente. Un otro, que seguramente no ha tenido el mínimo reparo en mantener relaciones sexuales (follar) con vete tú a saber cuántas otras personas y de qué diversas maneras.

La ventaja de la violación sobre las relaciones consentidas, a efecto de incremento de la natalidad, es evidente. En el caso de las relaciones consentidas los interfectos, por no llamarlos como se merecen, suelen utilizar métodos anticonceptivos , recuerdo que todos ellos prohibidos por la Iglesia, pero no suele ser así en el caso de violación, con lo que las posibilidades de embarazo aumentan considerablemente.

Si a eso le unimos una buena campaña contra el aborto, como la que hemos iniciado, por narices han de nacer más niños. Niños que, ustedes dirán, padecerán una dura infancia al no haber sido deseados y quizá criados por mujeres adolescentes (las más fácilmente violables), pues sí, puede que sea así, pero ahí entra de nuevo la Iglesia en una de las misiones en las que más se ha prodigado desde su nacimiento y, sin duda, en la que se encuentra más cómoda: el cuidado y adoctrinamiento de los frutos del descarrío. A estos niños, como ha ocurrido a lo largo de la historia, no les ha de faltar nunca ni la proximidad ni el cariño de un sacerdote. ¡Quién sabe cuantos de esos niños serán en su adultez nuevos sacerdotes o proveedores de más niños!