LAS RELIGIONES Y SUS PROHIBICIONES

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Las privaciones, en especial, las privaciones sensoriales parecen ser requisito indispensable de la mayoría de las religiones en el mundo.
Y la campeona en este aspecto resulta ser, tomando en cuenta a los cristianos, la Iglesia Católica. La iglesia católica es la denominación cristiana que más prohíbe a sus propios trabajadores, es decir, sacerdotes y monjas, muchos placeres mundanos (esto es, en teoría, porque en la práctica, las cosas son muy diferentes). Entre las privaciones sensoriales más notables está la referida al aspecto sexual: ni sacerdotes ni monjas pueden tener relaciones sexuales ni masturbarse.
Ambas cosas son muy mal vistas por las autoridades católicas. Además, este pensamiento se ve respaldado por uno de los padres de la Iglesia Católica, San Pablo:

“En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer; pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido… Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo; pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando.”

1 Corintios 7, 1-9.

Hablemos de los sacerdotes, ya que, como bien se sabe, por razones biológicas y evolutivas, los hombres y las mujeres difieren, entre otras cosas, en los apetitos sexuales y en los factores que lo desencadenan. Las mujeres tienen un mayor control sobre su sexualidad y sobre sus apetitos sexuales, además de que necesita de estímulos totalmente diferentes a los del hombre para “entrar en calor”. Por su parte, el hombre es más sensible en cuanto a las cosas que lo estimulan sexualmente. Mientras que la mujer necesita, por lo general, toda una atmósfera de romanticismo y algo de contacto corporal, el hombre se estimula fuertemente de manera visual y no necesariamente requiere de una atmósfera romántica para excitarse. Esta diferencia tiene una perfecta explicación en términos evolutivos, aunque no entraré en más detalles al respecto por ahora.
El hecho de que un sacerdote tenga que mantenerse casto de por vida sin siquiera poder masturbarse para aliviar su, de por sí, insano voto, es un atentado contra su propia fisiología y salud mental. Pero, ¿eso qué importa si se tiene en mente una vida posterior perfecta y eterna?
Lo que me pregunto yo es que, de cumplir todos los sacerdotes sus votos de castidad y de no masturbarse, entonces ¿no deberían utilizar ellos algún implemento o dispositivo desechable que permita contener el semen expulsado de manera natural?
Me explico. Un hombre que tiene relaciones sexuales periódicamente, expulsará una cantidad determinada de semen como producto de dicho contacto sexual. Si el mismo hombre dejara de tener relaciones sexuales, entonces el semen producido tendrá que salir de algún modo tarde o temprano. Si bien es cierto que una parte se reabsorbe de no haber eyaculaciones, también lo es el hecho de que se presentarán las famosas “poluciones nocturnas”.
Ahora, si un hombre hace un voto de castidad, en el que se le está prohibido tener relaciones y masturbarse, entonces es lógico y esperable que estas poluciones se presenten con relativa frecuencia. Sin embargo, no creo que exista ningún dispositivo desechable que sirva de colector de emisiones de semen, como el que mencioné anteriormente. Y digo esto porque sería muy improbable esperar que los sacerdotes estén dispuestos a limpiar cada cierto número de días, sus sábanas y sus ropas de dormir a causa de este inconveniente. ¡Algo se tiene que hacer al respecto!
Lo que sí es más probable, es que, como mínimo, los sacerdotes recurran a la masturbación como medio para aplacar sus, peligrosamente cohibidos, deseos sexuales. Y si la masturbación no es suficiente para tal objetivo, entonces se darán casos (existentes y documentados en todo el planeta) de affairs entre sacerdotes y monjas, sacerdotes y mujeres asistentes a su parroquia, o lo que es peor, los casos de violaciones a menores estarán a la orden del día.
Y es que todo está muy claro: la regla del voto de castidad, impuesta por la Iglesia Católica a todo aquel que quiera pertenecer a ella como servidor permanente, es absolutamente antinatural y peligrosamente insana. No puede resultar nada bueno de tal norma. A este respecto, otras denominaciones cristianas manejan mejor este tema, otorgando libertad a sus pastores (a veces exhortándolos) para que se casen y tengan hijos.
Por esto, no es curioso que las mayores tasas de violaciones y abuso sexual a menores se encuentren en el seno de la Iglesia Católica. Es un lamentable y despreciable subproducto de tal doctrina.
Creo que la moraleja es bastante obvia. Una norma prohibitiva e inhibitoria tan tajante como la anterior, y que esté referida a cuestiones biológicas, no puede ser más que perjudicial y cruel. Ya sea que se prohíba el consumo de alimentos, que se inhiban las aspiraciones materiales normales de una persona, o que se prohíba el correcto goce sexual, constituye un acto irracional que no analiza las consecuencias finales que se derivarán de este tipo de prohibiciones. Las privaciones sensoriales de cualquier tipo, llevadas al extremo, son altamente perjudiciales para la persona que las sufre o, incluso para el entorno de dicha persona. Y una muestra lamentable de esto, son los millones de casos de abuso sexual perpetrado por sacerdotes en todo el mundo y a lo largo de toda la historia del catolicismo.

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